En la intersección exacta entre la convicción íntima y la divinidad primordial se erige Credo Gaia (editorial Cuadernos del Laberinto), el nuevo mapa lírico de la poeta María Teresa Sánchez Martín que ha decidido transformar la observación en oración y el verso en una trinchera ética. Tras habitar las incertidumbres de la claridad en su obra anterior, A intemperie de la luz, la autora regresa a las librerías con una propuesta que es, a un tiempo, un acto de fe y una denuncia política sobre el estado de nuestro hogar planetario.
El título mismo es una declaración de principios: el «credo» entendido como ese conjunto de certezas que sostienen a un individuo, unido a Gaia, la madre de toda la existencia que respira desde el cosmos. En esta obra, María Teresa Sánchez Martín huye de la arquitectura artificial y de la metáfora forzada —esa que, según sus palabras, genera imágenes difuminadas sin emoción— para abrazar una desnudez que, aunque le provoca un vértigo persistente, se revela inevitable en su búsqueda de autenticidad. Para ella, la metáfora debe ser una «química poética» espontánea, no un adorno que disfrace la realidad.
Frente a la frialdad de los datos científicos que se diluyen en el ruido mediático de nuestras ciudades de cemento, María Teresa Sánchez Martín reivindica la poesía como una «grieta de luz» capaz de despertar conciencias. Sin embargo, entre la turbulencia y la sombra, su voz persiste en un hilo de esperanza: la fe en una regeneración terrestre que, quizá, permita el surgimiento de una civilización más respetuosa.
En la siguiente entrevista, se desgranan los motivos de este diálogo poético entre madre e hija —la poeta y la Tierra—, donde el cordón umbilical con la naturaleza se presenta como el único vínculo capaz de la redención, de la orfandad absoluta.
Credo Gaia es un hallazgo literario de una hondura sobrecogedora; un poemario que no solo se lee, sino que se habita, y que se consagra como una pieza fundamental para cualquier lector que desee reconciliarse con la belleza del mundo a través de una voz poética tan poderosa y necesaria como la propia tierra que invoca
¿Cuál es el significado del título, qué va a encontrar el lector?
El título se compone de dos términos. El primero es credo; según la segunda acepción de la Real Academia de la Lengua, es “conjunto de ideas, principios o convicciones de una persona o de un grupo”.
El segundo es Gaia, una deidad primordial en la mitología griega que representa la personificación de la Tierra misma, la madre de toda la existencia, cuya fuerza fundamental procede del cosmos al tiempo que influye en él; que interviene en la creación del mundo.
Credo Gaia surge de la unión de estos dos símbolos. El significado del título representa mi fe y convicciones, incluso mi oración a la Tierra, a los elementos, al universo y a los seres vivos en su conjunto. Bien podría haber invocado a la Pachamama, deidad incaica, una de las cuatro madres elementales relacionadas con la vida, la Tierra, el cosmos y los elementos. Pero a Gaia la sentía más cercana.
Su poesía huye de lo artificioso. ¿Es más difícil desnudarse en un poema que vestirle con metáforas complejas?
Para mí, desnudarme en un poema es prácticamente inevitable porque siempre, en mayor o menor medida, pongo una parte de mí en él; supongo que a todos los poetas les sucede igual. Escribo poemas como si solamente fuese a leerlos yo; esa es la parte positiva y no es difícil para mí. La consecuencia negativa de esto es que debo decidir si saco a la luz esa desnudez o no; a menudo me cuesta decidirme a publicar.
Las metáforas complejas se forjan en ese inexplicable caos que consiste en que las palabras converjan en una imagen, logrando un significado que nunca habrían alcanzado individualmente. Una metáfora es una especie de química poética, anárquica, que logra un nuevo elemento. Creo que es muy difícil vestir un poema con una metáfora si esa química poética no surge espontáneamente. Forzar esa fusión mágica, esa metáfora, da origen a un fruto confuso o una imagen difuminada que, aunque puede ser atractiva, no provoca ninguna emoción.
En consecuencia, desnudarse en un poema me parece fácil si se es fiel a uno mismo; para mí es más difícil adornar con metáforas complejas si las palabras no colaboran libremente en ese proceso.
En su libro anterior (A intemperie de la luz) ya exploraba la claridad. ¿Es Credo Gaia la sombra o la consecuencia lógica de aquella luz?
A la intemperie de la luz es el impulso de apartar las sombras y enfrentar los poemas a la intemperie, a la luz; de exponer esa desnudez de la que hablábamos anteriormente. Es un poemario intimista y a la vez de crítica social que recoge lo que no comprendo, los momentos en los que siento no encajar en la sociedad, la esperanza de hermandad entre los seres humanos, esos momentos de reflexión y contemplación. Es una invitación a dejar atrás las sombras y a conectar con los demás.
Credo Gaia es la consecuencia de la luz, a veces turbulenta, pero es la luz y la esperanza.
Usted habla de la tristeza por el maltrato al planeta. ¿Cree que la poesía tiene la fuerza necesaria para despertar conciencias donde los datos científicos fallan?
Sabemos que la poesía ocupa un sector minoritario entre los lectores. Creo que, por ese motivo, sería difícil que logre tal proeza; aunque resultaría muy alentador que aun así, lograra despertar conciencias.
Los datos científicos llegan a la población de manera fría y esa información se diluye entre las noticias cotidianas sin lograr que la gente se dé cuenta de su importancia. En la sociedad en que vivimos, muchos habitamos en grandes ciudades en las que, en muchos casos, no hay los suficientes espacios naturales o es complejo acercarse a la naturaleza sin utilizar medios de transporte. Así, en nuestro transitar de vértigo, crecemos con esa carencia de espacios abiertos, de árboles o de agua. En este contexto, la poesía puede abrir una pequeña grieta de luz, una llamada de atención para que seamos capaces de apreciar la naturaleza en todo su esplendor y comprender que nuestra relación con la Tierra depende de nuestra existencia como seres humanos.
A pesar de la degradación ambiental, usted mantiene la fe en el esplendor de la naturaleza. ¿Es una fe basada en la confianza en el ser humano o en la capacidad de la Tierra para regenerarse sin el ser humano?
Me queda un hilito de esperanza en que el ser humano recapacite, pero no hay nada más que tomar nota de las noticias económicas y medioambientales para darse cuenta de que actualmente el poder que impera es el del mercado. La globalización de ese mercado y la especulación con todo lo que tenga valor económico hacen que sea muy difícil una rectificación en beneficio de la Tierra. Si se puede sacar ganancias económicas de algo, ya sea petróleo, minerales, agua potable, piedras preciosas, animales, cultivos de alimentos… se exprime hasta la extenuación de la propia tierra, de los seres vivos e incluso de las personas.
Por supuesto, siempre hay excepciones, individuos o sociedades responsables y comprometidas con el cuidado de la naturaleza que tratan de que se realice una gestión responsable de los recursos, pero creo que, en términos generales, el ser humano ha dejado de ser hijo y se ha convertido en un parásito de la Tierra.
Así pues, creo que será la Tierra la que se regenerará sin el ser humano, aunque tengo la esperanza de que el ser humano no desaparezca del todo en ese proceso y se origine una nueva civilización humana más respetuosa con el medio ambiente en el que habita.
¿Se considera una “poeta activista”? ¿Es Credo Gaia un acto político?
No estoy segura de que estos poemas sean un manifiesto político explícito en defensa de la naturaleza; pero sí podría considerarme una poeta activista.
Vivimos en sociedad; la relación entre sus miembros, sus acciones y sus opiniones influyen en el conjunto. Por eso opino que estoy realizando un acto político al expresar tanto el respeto por la naturaleza como las quejas sobre el abuso que los humanos cometen contra ella.
Aunque sea pequeña esa influencia, si alguno de estos poemas logra emocionar a los lectores, esto puede afectar su forma de ver las cosas y hacer que tomen decisiones que tengan un impacto en la sociedad donde viven.
Su obra es muy personal. ¿Le da vértigo pensar que extraños van a asomarse a sus sentimientos más profundos a través de sus páginas?
Siempre he sentido un vértigo tremendo de exponer los poemas donde he vertido los sentimientos propios; versos donde he plasmado la emoción que me produjo y que quizá esos extraños no alcanzan a ver. Pero, a fuerza de exponerme “A la intemperie de la luz”, he ido perdiendo el vértigo. También me ha ayudado mucho la asistencia a recitales donde grupos de poetas comparten igualmente sus emociones más íntimas.
En ese ambiente me siento reconfortada. Aunque el vértigo es persistente y vuelve de tiempo en tiempo, y provoca que aún tenga muchos poemas sin publicar.
Tras ser finalista en certámenes como “Verso contra verso”, ¿qué significa para usted el reconocimiento externo después de tantos años de trabajo autodidacta?
En realidad, no me he presentado a más de tres o cuatro certámenes en toda mi vida, salvo en el certamen Verso contra verso. Resulta gratificante, por supuesto, que se reconozca la labor poética donde he puesto lo mejor de mí. Lo que sí me ha sucedido muchas veces, me ha reconfortado y me ha dado confianza, es que alguien venga a decirme que le ha emocionado grandemente un poema mío que ha leído o que acabo de recitar. Eso para mí tiene el valor del más prestigioso de los reconocimientos.
Si Gaia tuviera voz propia y le susurrara un verso al oído, ¿qué cree que le diría?
Gaia me ha transmitido muchos mensajes que he recopilado en este poemario. Hemos mantenido y mantenemos un diálogo poético de emociones y a veces de denuncia. Como una conversación entre madre e hija. He elegido estos versos seleccionados del poema “Fruto de la tierra” que le dediqué a mi hija cuando era una niña; ellos dicen lo que creo me susurraría Gaia al oído. Exactamente lo mismo que yo le digo a mi hija.
“Te pegaré a la tierra perfumada de espliego
hasta que broten primaveras en tus ojos,
para que siembres tú la semilla desechada
en la tierra donde todas las batallas se perdieron,
donde al fin la vida alzará su victoria.”
¿Cuál es la palabra más hermosa que ha encontrado para definir a la Tierra?
La palabra más hermosa que he encontrado para definir a la Tierra es madre. La Tierra acoge a todos los seres cuando nacen, los protege de las radiaciones solares, les proporciona el aire, el agua y los alimentos que necesitamos.
Es como un gran útero ligado a la Tierra, unidos a ella por un cordón umbilical del que no hay forma de desligarse. Formamos parte de ella y al mismo tiempo necesitamos de ella para vivir; necesitamos su alimento, cobijo y protección. Si la maltratamos hasta hacerla enfermar, no podremos sobrevivir.