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Lara Ferreiro, psicóloga, explica cómo identificar a los infieles primaverales

La primavera no solo transforma el paisaje: también altera el deseo, el comportamiento y, en muchos casos, la estabilidad de la pareja. Con la llegada del buen tiempo, los días se alargan, suben las temperaturas y aumenta la vida social. Sin embargo, este cambio no es únicamente externo. A medida que la luz se intensifica y el frío queda atrás, el cuerpo atraviesa una especie de “renacer interno”: aumenta la energía, mejora el estado de ánimo y se incrementa la predisposición al contacto, la conexión y el deseo.

Los datos respaldan esta tendencia. Ashley Madison, la aplicación de discreción ética con más de 80 millones de usuarios en todo el mundo, lleva registrando desde hace años que la primavera concentra uno de los mayores picos de actividad del año.

En España, donde el buen tiempo intensifica aún más este efecto, las cifras reflejan hasta qué punto la infidelidad forma parte de la realidad social. Se estima que más de 16 millones de personas han sido infieles (8 millones de mujeres y 8 millones de hombres) al menos una vez. En este contexto, la primavera no genera la infidelidad, pero sí favorece el terreno en el que esta puede desarrollarse.

La primavera: el cóctel hormonal que dispara el deseo (y la tentación)

La psicóloga Lara Ferreiro explica que la primavera no solo transforma el entorno, sino también el cerebro. Este fenómeno, que denomina “efecto primavera relacional”, convierte esta estación en un momento de mayor apertura emocional, social y afectiva.

El aumento de luz actúa como un regulador hormonal natural: disminuye la melatonina (menos sueño, más energía) y eleva la serotonina, mejorando el estado de ánimo, la autoestima y las ganas de socializar. A esto se suman la dopamina y la oxitocina, neurotransmisores ligados al placer, la motivación y el vínculo emocional.

Aquí entra en juego un mecanismo clave: el cerebro busca novedad (dopamina) cuando percibe monotonía. Y en primavera, este impulso se intensifica. No es casualidad que aumente la curiosidad por lo nuevo, lo diferente o lo desconocido.

Además, en esta época se incrementa la búsqueda de recompensa inmediata, lo que hace que las decisiones emocionales sean más impulsivas y menos reflexivas. Es lo que Ferreiro define como una mayor “ventana de vulnerabilidad emocional estacional”, donde las personas están más abiertas… pero también más expuestas.

El resultado es una mayor predisposición a conectar con otros y a buscar nuevas experiencias. No implica necesariamente querer ser infiel, pero sí estar más receptivo a lo que ocurre fuera de la relación.

Este impulso biológico tiene un reflejo claro en el comportamiento. Según datos de Ashley Madison, la aplicación de discreción ética, la actividad en la plataforma aumenta entre un 15% y un 25% durante la primavera, evidenciando cómo los factores hormonales y ambientales influyen directamente en las relaciones.

La estación como termómetro emocional que pone a prueba tu relación

Más allá de lo biológico, la primavera actúa como un espejo de la relación de pareja. Lara Ferreiro explica que no crea problemas nuevos, pero sí amplifica los que ya existen. Es una época que invita a comparar y a replantearse cómo se está, tanto a nivel interno como con lo que se observa fuera.

Cuando la relación está sana, este impulso juega a favor: hay más planes, más conexión y se recupera la complicidad. Pero si hay desgaste, ocurre lo contrario: lo que antes se toleraba empieza a incomodar, y la distancia emocional o la rutina se vuelven más evidentes.

Además, el aumento de estímulos y vida social favorece comparaciones constantes. Lo externo puede parecer más atractivo que lo propio, y aparece un sesgo habitual: idealizar lo nuevo frente a lo conocido, generando una sensación de insatisfacción que no siempre es real.

Este efecto también se refleja en lo digital. Según Ashley Madison, la aplicación de discreción ética, en primavera no solo aumentan los registros, sino también la actividad de los usuarios, lo que evidencia una mayor inquietud emocional y relacional en esta época.

El otro lado de la primavera: entre la euforia y la astenia

No todo el mundo vive la primavera como un subidón. Lara Ferreiro advierte del fenómeno de la astenia primaveral, que puede provocar fatiga, apatía o irritabilidad. Este desajuste se debe a la adaptación del organismo a los cambios de luz, temperatura y ritmo, generando una sensación de inestabilidad emocional.

Lejos de frenar el deseo, este malestar puede intensificarse desde otro lugar: la compensación. Cuando alguien se siente bajo o desconectado, tiende a buscar estímulos externos que le reactiven. Así, la infidelidad no surge solo del exceso de deseo, sino también de la necesidad de escapar del propio malestar.

Además, este estado influye en la percepción de la pareja: todo puede parecer más plano, distante o insatisfactorio sin que haya cambios reales. Esto favorece idealizar lo nuevo y ver en lo externo una vía de escape.

Se crea así una paradoja: mientras unos están más activos y abiertos, otros se sienten más vulnerables. Pero en ambos casos, aumenta el riesgo de tomar decisiones impulsivas en el terreno emocional.

Cuando sube el deseo, baja el control: la infidelidad es más emocional que íntima

La infidelidad no suele ser solo relaciones íntimas. Lara Ferreiro explica que, en muchos casos, responde a necesidades emocionales no cubiertas: sentirse visto, deseado o valorado. Cuando esto falla en la pareja, aparece un vacío que empuja a buscar fuera lo que falta dentro.

En ese contexto, pequeños estímulos (un halago, una conversación o una mirada) pueden adquirir un valor enorme. Lo que antes pasaba desapercibido se vuelve significativo, facilitando conexiones que escalan rápido sin una intención clara.

Los datos lo confirman: según Ashley Madison, la aplicación de discreción ética, el 21,7% es infiel por escapar de la rutina, el 18,6% por vivir nuevas experiencias y solo el 17,3% por deseo íntimo. Es decir, pesa más lo emocional que lo físico.

Además, la primavera potencia la impulsividad: más vida social, más estímulos y menor percepción de riesgo. Esto hace que las decisiones sean más rápidas y menos reflexivas, aumentando la probabilidad de cruzar límites sin planearlo.

Pero esta época también es un espejo de la relación. Si hay desgaste, se nota más; si hay conexión, se potencia. Muchas crisis no hablan de falta de amor, sino de falta de cuidado, atención y novedad.

El riesgo está en buscar fuera lo que podría reconstruirse dentro. La oportunidad está en hacer justo lo contrario: reactivar la relación, introducir cambios y recuperar la complicidad. Al final, la diferencia no la marca la primavera, sino cómo se gestiona lo que se siente.

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